Pasé la noche en el área de descanso de la Michi no Eki Kakegawa. Era una pequeña sala circular, separada del resto de la estación y con forma de faro – se veía espectacular desde afuera y acogedora desde adentro – tenía paredes cubiertas en madera.
Estaba sorprendido de ver tantos viajeros usando estas áreas de descanso – esto me tranquilizaba, no sería muy extraño si continuaba usándoles también.
[2019-10-15]

Me levanté renovado después de un día de dificultades, y emocionado por dos paradas que había planeado para este día: Mi primera visita a un castillo japonés x2
Tenía dos castillos en mi camino, el primero en la misma ciudad donde había dormido, Kakegawa, y otro en Hamamatsu – a 30km de distancia.
Ver la torre blanca del Castillo Kakegawa a lo lejos, me emocionó. Se veía más pequeña de lo esperado, pero tenía alrededores muy agradables.

Siempre había querido visitar un castillo japonés. No me importaba si era el original o una reconstrucción, como en el caso de este – destruido dos veces (por terremotos) desde su edificación en el siglo 15 y reconstruido en 1994, 140 años después de su última destrucción.
Lo malo fue que solo pude apreciarlo desde afuera. Eran las 7:30 a.m., y abre a las 9 a.m. Tuve que partir sin disfrutar ninguna de las actividades que se pueden realizar en el parque del castillo. Hay un gran palacio con una vista muy bonita al castillo, una casa de té y un jardín. Puedes pasar un par de horas allí, también disfrutando diferentes platos.



Debes revisar los horarios de los castillos con anticipación. Aunque si estas cerca a alguno, recomiendo ir a verlo así este cerrado.
Cuando me estaba montando en la bici, noté la tapa de alcantarilla de esta ciudad, que tenía al castillo.

Continué con mi día, hacia el siguiente castillo, esperando que pudiera al menos apreciarlo desde más cerca.

Un par de horas después, encontré otra tapa. Esta tenía una libélula, y decía que estaba en la ciudad de Iwata – a mitad de camino de Hamamatsu.
Diez minutos después, encontré otra tapa. Era la primera vez que veía dos diferentes en una misma ciudad, y eso que Iwata no era grande
Para mi sorpresa, solo minutos después, seguía encontrando tapas de la Ciudad de Iwata – todas con diseños diferentes.




Momentos más tarde, me encontraba de nuevo atravesando la Ruta Tokaido – con casas y lámparas antiguas, y andenes decorados. Encontré de nuevo la primera tapa que había visto, pero esta vez con colores.
Después de cuatro horas y media, llegué al segundo castillo – solo para descubrir que el Castillo Hamamatsu era aún más pequeño que el primero. Pero me encantó el contraste en su fachada.




También, aprendí que, aunque el castillo no se veía muy importante, sirvió como fuerte estratégico y residencia de varios señores feudales influyentes, incluso Tokugawa Ieyasu, quien luego sería el primer shogun del Shogunato Tokugawa.
Este castillo también era una reconstrucción de los 50s. La mayoría de los castillos japoneses son reconstrucciones. Han sido destruidos en guerras, terremotos e incendios.
Solo pocos han sobrevivido (con algo de reparación); esos son altamente apreciados por su importancia cultural y su autenticidad arquitectónica. Los tres más famosos son el Castillo Himeji, el Castillo Matsumoto y el Castillo Inuyama. Yo planeaba visitar por lo menos uno de esos.

Caminando por los alrededores del castillo, encontré un pequeño santuario Inari.

Los castillos japoneses por lo general tienen santuarios o templos cercanos, que sirven como lugares para rendir culto y protección espiritual.
Ya era medio día, así que me relajé en el parque del castillo, almorzando con una bonita vista de la ciudad de Hamamatsu. (Había comprado algo para comer en el camino).

La mañana había estado bastante nublada, con un poco de llovizna, y la tarde no se veía muy prometedora. Pero algo en mi había cambiado después de todo lo del día anterior. Me sentía mucho más confiado y calmado. Una Lluvia ya no me iba a detener.
Por la siguiente hora, anduve por calles poco interesantes, hasta que me crucé con la Línea Tokaido de Shinkansen (Tren bala).
Seguí mi camino entre sembrados y líneas del tren. De vez en cuando, un tren pasaba rápidamente por mi lado, creando un sonido un poco escalofriante que se escuchaba desde lejos.
Encontré una tapa de alcantarilla de la Ciudad de Hamamatsu – tenia una vela con el nombre de un rio cercano: Rio Shin.
Un momento después, encontré otra tapa con un adorable diseño de un ave con sus crías. También tenía el nombre del Rio Shin.
Y luego, una más básica, solo de aguas residuales.



Llegué al Lago Hamana, que separa Hamamatsu de Kosai, la ciudad donde planeaba terminar mi día.
Quinientos años atrás, un gran terremoto conectó el lago con el océano Pacífico y lo convirtió en una laguna salobre – donde el agua dulce se mezcló con el agua de mar.

Hay una isla (Bentenjima) cerca de la unión con el mar. Esta enlazaba ambos lados del lago. Me detuve algunos minutos en su playa, admirando un gran Torii rojo a lo lejos.

Compré algo para la noche en un konbini y crucé hacia la ciudad de Kosai.

Apenas atravesé el lago, encontré esta tapa, que tenía un santuario y unas aves volando (inicialmente había pensado que eran manta rayas).
Todavía estaba temprano (antes de las 3 p.m.), pero ya me sentía cansado. Creo que el día anterior me había agotado. Fui directo a la Michi no Eki Shiomizaka – el único lugar cercano que encontré para pasar la noche.
Como esperaba, esta Estación de Camino tenía un área de descanso donde podía dormir. Pero también tenía una característica extraordinaria: un baño de pies – justo lo que necesitaba. Mis dedos me dolían, y por momentos los sentía un poco adormecidos. Después de unos minutos allí, me sentí completamente recuperado.

En este punto, había logrado ya 380km desde que salí de Tokio; era un montón, pero aun faltaba demasiado por delante. Estaba empezando mi viaje, viviendo y aprendiendo nuevas cosas cada día.
Me senté a apreciar unas nubes que parecían algodón de azúcar y un impresionante atardecer. Mientras, revisaba de nuevo mi cronograma – Me encontraba de nuevo a tiempo en esta parte del viaje, después del descuadre por el tifón.



Hice algunos ajustes hacia la mitad de mi travesía, para evitar algunas montañas demasiado altas. Pero me preocupaba el último tramo – no veía posibles desvíos, solo alarmantes montañas hasta mi meta. Debía tomar un vuelo desde Kagoshima a Tokio; ya tenía los tiquetes comprados.
Cuando oscureció, aparecieron tres gatos que se quedaron andando alrededor mío, maullando y jugando, hasta que entré al área de descanso para dormir. Adentro, solo otra persona también pasaba la noche.


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